Una introducción sónica

Hablemos de ruido.

Porque, seamos francos al menos durante unos momentos, últimamente cuesta demasiado escuchar la música, es ruido todo lo que nos rodea. Distorsión donde debería haber vibración. Demasiado ruido, demasiada opinión que desbrozar para intentar alcanzar el bit último de información pura del que nace todo. Y luego confiar en que ese bit sea, además, cierto.

Hace tiempo que la música ya no suena igual, hay un exceso de ruido en el sistema. Ruido disfrazado, armonizado y presentado como música, pero carente de esa emoción primordial indispensable para completar el Hechizo Sonoro Perdurable que llamamos música. Aparatosas construcciones sin alma real, demasiada opinión y ninguna información.

Demasiado ruido en el sistema.

Demasiados duplicados redundantes, demasiados archivos corruptos. Demasiada broza entorpeciendo la correcta ejecución del programa. Y así nos va, víctimas todos de un cuelgue de windows.
Solo cabe reiniciar. Volver a las Verdades Básicas Fundamentales. Como esa que afirma que en realidad solo hay dos tipos de persona en el mundo, los que piensan que una canción puede cambiar el mundo y los que opinan lo contrario, que son el enemigo porque son seres sin alma. Archivos corruptos. Esa es una buena base a partir de la cual empezar a construír de nuevo.

M.E.T.A. suena a canción desnudada, llevada a su esencia de serie de variaciones en la longitud de onda y la frecuencia de una vibración al propagarse por el aire. Al pitido que persiste dentro de tu cabeza después del concierto, a crujido de plástico maltratado. M.E.T.A. suena a cartuchazo punk, a desmesura progresiva,  a glam grandilocuente. A maiz explotando. PoP.

Anuncios