Semana 2 y avance 2

Se cumplen diez días desde que M.E.T.A. pisó las calles por primera vez. En este tiempo hemos colocado más de la mitad de la tirada y todavía tenemos que llegar a Madrid (tras el saló del cómic habrá ejemplares de M.E.T.A. en la capital) y Zaragoza, que es hasta donde llegan nuestros tentáculos de momento (sin olvidarnos de nuestro hombre en Berlín). El eco generado no ha dejado de crecer.  Han hablado sobre M.E.T.A. en blogs, en programas de radio, nos han hecho llegar toneladas de ánimos desde rincones insospechados, nos hemos asociado con una promotora de rockeros, porque nos gusta ese tipo de gente, nos han propuesto entrevistas, hemos acordado colaboraciones y hasta nos han ofrecido aparecer en un pequeño documental. Los primeros ejemplares enviados ya han llegado a sus lectores, y las primeras opiniones no podrían ser más favorables.   Decir que estamos alucinando de puro orgullo sería quedarse muy corto. Lo mismo que decir que estamos agradecidos.

Sin embargo, decir que estamos satisfechos sería exagerar. Llevamos diez días aquí, acabamos de empezar y tenemos pensado quedarnos una temporada. Pero de momento disfrutamos enórmemente del arranque.

Semana 2, y avance 2. Pitfall 2, de Daniel  Lasmarías, comienza así:

Pitfall 2

Estoy en un bosque. Los árboles me sonríen burlones y de todas partes caen bolas de lava. A lo lejos un volcán escupe ceniza y azufre y, sin embargo, el cielo es azul y todo parece estar iluminado por el parpadeo digital de una especie de luz halógena. El universo es extraño.
Avanzo, corro, salto. No se por qué estoy aquí. Soy un ser nuevo, inmaculado, con sombrero. No hay paz y siento sobre mi cabeza el tic-tac de un reloj cósmico. Corro e intento esquivar los peligros que en cada esquina, en cada recodo del camino, me aguardan como si esa espera fuera su único motor y fin. Los pájaros existen para atacarme, los escorpiones reservan su veneno para mí y el volcán me busca en la inmensidad de sus dominios. Avanzo, corro, salto.
Soy un hombre sin pasado. No recuerdo nada. Desperté y frente a mí hallé un enorme escorpión blanco. Avanzaba lentamente en mi busca. Conseguí evitarlo pero caí a un agujero poco profundo, lleno de barro. Me arrastré durante una eternidad y al final encontré una salida que me devolvió a la luz del día. Pero nada ha cambiado, sigo corriendo, sigo vivo. Los escorpiones blancos me vigilan. Si me detengo moriré, por eso corro hacia delante, hacia una voz que me llama, una voz de caverna. Junto los pies y salto otro agujero. Estando en el aire miro hacia abajo y veo un océano de lava. Sobrevivo por poco y al caer al suelo hay una moneda frente a mí, una moneda de oro que lleva grabado un escorpión en una de sus caras y en la otra un volcán humeante. ¿Por eso estoy aquí? Ahora mismo me da igual porque sólo quiero sobrevivir. Siento el sudor sobre la frente y la fiebre consumiendo mi carne. Estoy enfermo. ¿Vine a por oro? Oigo el tam-tam monótono de unos tambores mientras atravieso una pequeña laguna repleta de cocodrilos. Me miran con sus ojos vacíos y abren sus enormes bocas para enseñarme sus dientes. Este bosque no se hizo para el hombre. Aquí todo mata, todo daña. Si alguna vez me importó el oro, ahora me da igual. Sólo avanzo y, sin embrago, me he guardado la moneda en el bolsillo.

Continúa en M.E.T.A. 1

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