¡Extra! ¡extra! Microrrelato inédito

KART-Z

Esto es Mario Vaquerizo que baja a toda leche por Las Ramblas haciendo playback con la banda sonora del Grand Theft Auto III para que los transeúntes tengan algo bueno a lo que encomendarse a la hora de morir [en realidad, el tipo sabe —y yo lo sé, tú también ahora— que él no es Mario Vaquerizo pero eso no importa: cada uno de nosotros merece estos cinco minutos de fama, haríamos cualquier cosa para conseguirlos] y gira tan de repente para enfilar al Barrio Gótico que derrapa y se astilla el hombro contra un muro porque, en realidad, el tipo no va conduciendo, no lo necesita, él a pelo y sin carné de conducir como buen Mario Vaquerizo que demuestra ser [dispuesto a escribir densos flyers de discotecas para pijas anoréxicas y endilgar patadas al sentido común que te dice: «no, guapo, que tienes 40 años, madura ya, deja de ser vegano y propagar metano a la estratosfera que no te ha hecho daño, guapo»] rimando mal como una vieja gloria que blande en sus manos dos bates de béisbol de acero que hacen saltar chispas en las paredes y no le toca los cojones más ni dios ni el rey lagarto y por ello subestima la tortuga esa con caparazón que parece una mina de la Segunda Guerra Mundial y, no obstante, escupirá fuego si le saltas encima [«y acabarás muerto, no te flipes, no puedes hacer nada contra los Mossos ni contra las leyes de la gravedad por mucho que hayas entrenado durante el equivalente a tres meses en el gimnasio y tus músculos te permitan correr más rápido que una motocicleta por los páramos de San Andreas»] o tan solo le pretendes adelantar escaqueándole el tributo encarnecido de tu recto.

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