M.E.T.A.EXPERIENCIA: CURIOSITY (Capt. 2)

Es martes trece y un ataque de pánico se apodera de mí cuando llevo mi mejor racha hasta el momento: 480 cubitos desmigajados sin error, sin tropezar con el espacio virgen a medio desvelar de la capa inferior y sin cometer síncopa alguna en el ritmo del dedo sobre la pantalla. Como si estuviese corriendo algún riesgo…

Segundo día de forzarme a jugar a esto, tratando de dar con las fronteras entre el aburrimiento y las brillantísimas ocurrencias que deberé escribir en el blog un rato más tarde. Supongo que, finalmente, serán sólo frases inconexas y más de una docena de divagaciones al azar, porque esto es lo que trae consigo este tal Curiosity… horrenda música de reminiscencia New Age con la que, de algún modo, uno consigue sincronizar el soniquete de su cavar y cavar y cavar, y líneas de pensamiento (porque no hay mucho que pensar en relación al “juego-no-juego”, admitámoslo) que se desanudan para ser zarcillos de lo más errático… fuera, abajo, en la calle, en la puerta del bar en la acera de enfrente, dos voces pelean en un idioma irreconocible, así que bajo el volumen del iPad al mínimo y el mundo, de repente, tira de mí hacia fuera… fuera del cubo y fuera de la habitación blanca, pero sigo jugando.

Los dos hombres en la calle han dejado de pelearse, han vuelto a entrar en el bar. Supongo. Quizá no estaban peleando en absoluto, sino que ambos habían salido a continuar con sus opiniones al respecto de la jornada futbolística del fin de semana pasado mientras se echaban un pitillo. Nada menos aburrido que esto, ni más interesante… sin perder el ritmo, autoimponiéndome un obstáculo a la superación del récord de 480, me hago con el mando a distancia de la minicadena y cambio la banda sonora de Curiosity por el nuevo disco de Soundgarden y vuelvo a hundirme en la poco profunda línea de costa de cubitos de esta capa en cuya eliminación estoy colaborando.

Dejo de cavar por áreas más o menos cuadradas y decido empezar a tirar líneas rectas en la superficie por pelar. Siempre habrá tiempo para los dibujitos como hechos a píxel. Y ayer ya grabé mi nombre en el cubo, como debe ser, como todo el mundo, cada uno de ese casi millón de usuarios de la aplicación, debe haber hecho en algún momento; lo raro sería lo contrario, como tener polla y no haber rubricado nunca una pared durante una meada especialmente épica… Tiro líneas y, cuando me apetece, doblo una esquina o formo un cruce; porque estoy trazando un mapa, uno de ninguna parte en concreto… En los últimos meses me ha dado por caminar un montón: simplemente salgo a andar por ahí, sin rumbo, dejándome llevar, y tomo fotos con el móvil de sitios que me parecen curioso o que (si se me permite la licencia) “vibren” en mi sistema de percepciones de algún modo particular, haciendo aún más mía mi ciudad al documentarme sobre esos sitios concretos y comparar su historia con mis sensaciones. En gran parte es por esto que ahora tengo una contractura en el gemelo derecho y estoy jugando tumbado en el sofá, con una bolsa de hielo en la pierna y el iPad apoyado en la ingle y el nuevo disco de Soundgarden a todo trapo en los altavoces del cuarto de estar… y trazo calles que no existen y por las que me imagino paseando sin toparme con nadie, calles que desaparecen con la siguiente actualización de los servidores de Curiosity… Alejo el zoom y la mía es una ciudad deshecha en los bordes…

Empieza a llover. Ha pasado una hora ya desde la racha de 480 que, hoy al menos, no superaré.

¿Jugamos?

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